martes, 22 de octubre de 2019

Capítulo 1

Donde estás felicidad?

Capítulo I
Nacer llorando, vivir soñando

Cuando pequeña recuerdo que quería crecer, hacer cosas de adulto. Maquillarme, ponerme tacones altos, tener novio, tener auto y trabajo.
Resulta que crecí extrañando las cosas que tenía cuando pequeña.

Hoy en mi mesa de noche hay antidepresivos, ansioliticos y pastillas para dormir.  A consecuencia de las malas decisiones que he tomado. Sufro de ataques de pánico. No hay dia desde hace 5 meses que no llore.

Hace más de un año emigré, con dos maletas que me habían tomado más de un mes armarlas; y también con una persona; que realmente desde un principio lo vi como un compañero de vida. Lo dejé todo en mi país porque el me motivó, me inspiró, me animo.

Era capaz de saltar un puente por verlo o hacerlo feliz.

La primera noche acá fue fría. Entre los dos nos dimos calor. Yo lloré, pensando que había dejado un mundo de comodidades y realmente donde estábamos no era el gran palacio. Pero ahí estábamos, intentando ser un equipo.

Cuando uno se desanimaba el otro estaba ahí... alentando al otro. Cuando uno tenía un pensamiento negativo, ahí estaba el otro, regañándolo; y entre los dos aprendimos a ser el motor del otro.

Empezaron a mejorar las cosas. Llegaron los empleos, nos mudamos, llegó mi mascota, pero llegaron los sentimientos de soledad y la desconfianza.

Era más el tiempo de el trabajando que en casa. Empecé a sentirme muy sola. El no confiaba en mi. Me revisaba el teléfono. Llegaron más peleas. Pero aún así yo seguía intentando, remándola para que el se sintiera bien. Cocinaba lo que quería, lo llenaba de mimos, lo abrazaba fuertemente. El estaba cada día más distante.

Pude darme cuenta que le escribía a una mujer. Nunca supe quien fue.

Yo soñaba con hacer un equipo con el. Que fuésemos felices los dos. Que el se tomara en serio la relación. Que me diera prioridad. Que me viera como su familia.

Creo que si esa persona me pedía casarse conmigo me moriría de un infarto. Creo que inconscientemente sabía que eso no pasaría.

Me fue claro: no creo en el matrimonio y mucho menos quiero tener hijos.

Aún así seguí, con la esperanza de que con el tiempo el cambiara de opinión.

Vaya ejemplo de que la esperanza es lo último que se pierde!!!

Habían días que sentía que me quería, pero habían días que sentía que me odiaba, que se sentía cansado de mi. Yo buscaba de todas las maneras posibles agradarle, aun cuando tenía que hacer cosas que no me gustaban o incluso mejorar las que ya hacía. Recibía críticas una y otra vez.

Me di cuenta que tenía yo más defectos de los que yo misma me había visto: caminaba lento, era retraída, desordenada, no sabía doblar bien la ropa, no sabía ahorrar, peleaba mucho, era muy llorona, y un montón más.

Que me mantenía ahí? No solo la Esperanza. Sino los sueños

Mi felicidad era con él?

1 comentario:

  1. Tu felicidad está donde te sientas libre, feliz.

    Tu felicidad está al comerte algo sin remordimiento, a la vuelta de la esquina, en la charla con una amistad cercana o lejana, es levantarte en la mañana y sonreír sola.

    La felicidad no siempre está al lado de alguien sino donde te sientas libre y completa. Te amo amiga.

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